
Lima · 1579—1639
San Martínde Porres O.P.
Una vida de caridad, humildad y servicio.
Su vida: Una historia de amor.
Nacimiento e infancia: crecer en Cristo.
San Martín de Porres Velázquez nació en Lima, Perú, el 9 de diciembre de 1579, durante los primeros años del Virreinato. Fue hijo de Juan de Porres, caballero español de la Orden de Alcántara, y de Ana Velázquez, mujer libre de origen africano. Martín y su hermana Juana crecieron inicialmente junto a su madre; por las diferencias sociales y raciales de la época, su padre no pudo reconocerlos plenamente durante sus primeros años.
A pesar de las dificultades económicas, su madre procuró darle una formación cristiana. Desde niño mostró una especial sensibilidad hacia quienes sufrían, junto con un carácter humilde y una profunda confianza en Dios. Las desigualdades que conoció marcaron su cercanía con las personas de origen africano y humilde.
En su juventud aprendió el oficio de barbero, que entonces comprendía cuidados prácticos de salud, como curar heridas y atender dolencias. A los 15 años ingresó al Convento de Nuestra Señora del Rosario, de la Orden de Predicadores. Entró como donado, realizando labores de servicio sin los mismos derechos que los religiosos profesos; con el tiempo profesó como hermano cooperador dominico.
Hitos de su vida
9 dic 1579
Nace en Lima
Hijo de Juan de Porres y Ana Velázquez, mujer libre de origen africano.
En 1586
Viaja a Guayaquil
Junto a su hermana Juana, donde recibirían educación. Regresó al año.
En 1590
Cirujano, barbero y boticario
Inicia su aprendizaje, de manos de Don Mateo Pastor.
En 1591
Confirmación
Recibiría el sacramento de manos de Santo Toribio de Mogrovejo.
En 1594
Ingresa al convento
Comienza su vida de servicio en el Convento de Nuestra Señora del Rosario en condición de donado.
2 jun 1603
Profesión de Votos
Tras nueve años de servicio ejemplar, fue admitido como hermano cooperador (hermano lego)
3 nov 1639
Muere en Lima
A los 59 años, con fama de santidad.
En 1763
Fue declarado venerable
Por el Papa Clemente XIII
29 oct 1837
Beatificación
Por el papa Gregorio XVI.
6 may 1962
Canonización
Por el papa Juan XXIII.

Contemplar y compartir
Dominico, hermano y servidor.
Su espiritualidad dominicana unía oración, contemplación y búsqueda de la verdad con una tarea concreta: compartir con los demás lo que recibía en su relación con Dios. Fue profundamente eucarístico y mariano, con una vida de oración constante.
El hermano donado
Ingresó al convento como donado y aceptó con humildad las tareas más sencillas: limpiar, cocinar, atender a los enfermos y ayudar en cuanto necesitaba la comunidad. Con el tiempo profesó como hermano cooperador dominico. En cada tarea, por sencilla que pareciera, encontró una forma de amar a Dios y al prójimo.
Para Martín, la oración y el servicio eran inseparables: buscar a Dios en la contemplación y compartir con los demás aquello que había contemplado. Atender al enfermo, alimentar al hambriento o acompañar al necesitado era también servir a Dios.
Una caridad sin distinciones
En cada persona reconocía a Cristo.
Se acercó a pobres, enfermos, personas esclavizadas e indígenas, niños abandonados y a quienes atravesaban alguna necesidad. Atendía sus dolencias, compartía alimentos y buscaba maneras de ayudar. Su caridad no hacía distinciones: servir al necesitado era servir al mismo Cristo.
Organizaba la distribución de alimentos y medicinas, y se cuenta que destinó parte de su habitación a recibir a personas necesitadas. Muchos acudían al convento para pedir su ayuda; él no preguntaba por su origen, color de piel o posición social, sino cómo aliviar su sufrimiento.
La humildad, la obediencia, la paciencia, la pureza de corazón, la pobreza voluntaria y el espíritu de sacrificio dieron forma a su vida. Nunca buscó privilegios ni reconocimiento; su servicio también acercaba y reconciliaba a las personas.
Su preocupación se extendía a los animales abandonados o heridos, a los que recogía y cuidaba. La tradición cuenta que procuraba alimentarlos y protegerlos junto con las personas que acudían a él.

Humildad
Elegir el último lugar sin buscar reconocimiento.
Caridad
Reconocer a Cristo en cada persona.
Paciencia
Acompañar el sufrimiento con cuidado y cercanía.
Fraternidad
Reconciliar y acercar a quienes vivían separados.

Testimonios y tradición hagiográfica
Lo extraordinario habla de una vida centrada en Dios.
Los testimonios asociados a los procesos de beatificación y canonización recogen relatos de bilocación, levitación, curaciones y conocimiento de necesidades de personas lejanas. Pertenecen a la tradición hagiográfica y se presentan como testimonios de fe, no como hechos comprobados científicamente.
Más que los relatos extraordinarios, permanece una vida entregada a la oración y a la caridad.
Lima · 1639 · 1962
Una vida que sigue dando fruto.
En 1639, durante una epidemia que afectó Lima, Martín se dedicó especialmente a atender a los enfermos. Su propia salud empeoró y murió en la ciudad el 3 de noviembre de ese año, a los 59 años. Personas de distintos grupos sociales acudieron a despedir a quien muchos ya consideraban un hombre santo.
La devoción se extendió desde Lima a otros territorios de América. El papa Gregorio XVI lo beatificó el 29 de octubre de 1837 y San Juan XXIII lo canonizó el 6 de mayo de 1962, en la Basílica de San Pedro. Fue el primer santo de origen africano canonizado de América. Su fiesta litúrgica se celebra el 3 de noviembre.
Más allá de los hechos extraordinarios que le atribuye la tradición, la Iglesia destaca su virtud, humildad, caridad y vida de servicio. Recordado como fray Martín de la caridad, fue un hombre profundamente dominico, dedicado a la oración, al trabajo y a los pobres, enfermos y marginados.
San Martín de Porres: hombre de fe, humilde servidor y hermano de los pobres y enfermos.

APRENDAMOS JUNTOS
Himno a San Martin de Porres
CORO
¡Gloria inmortal a tu bendito nombre
sol de amor de los pobres,
San Martín astro divino del Perú de América,
de la Iglesia invencible paladín!
Son tus hermanos de ideal y patria
los que hoy llegan fervientes a tu altar;
danos la luz que iluminó tu mente,
danos la fe que te enseñó a triunfar. (BIS)
ESTROFA I
¡Radiante flor del suelo americano
que diste olor de augusta santidad;
gala y blasón del pueblo peruano;
que en ti encendió la antorcha de piedad!
Protégenos, tu caridad sagrada
todo el Perú ardiente en su emoción;
si viene a él tu excelsa llamarada
de un pueblo hará
tan sólo un corazón
ESTROFA II
Te dio el solar de Rosa, la divina
Cuna de ardor para tu noble afán;
Tu fe sin par, su alma peregrina;
Pasión de Dios, Domingo de Guzmán
Hoy como ayer, por tu virtud, reciben
pan de verdad, los pobres de tu amor
Hoy como ayer, para su gloria viven
Bendícelos y ampara su dolor.
Una santidad vivida en lo cotidiano
